Con guacamayas en el estómago
- Sep 18, 2016
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Tal vez la distancia sea una excusa para escribirte, pero no te confundas, no estoy de tusa. Yo sigo igual de enamorada. Y es que me di cuenta que para el amor no se necesita un hombre, una mujer, un niño, un padre. Para el amor solo se necesita amor y por eso hoy te lo declaro.
Cuando te vi, te presentaste sin ropa, sin tapujos, con ese calor húmedo que de repente llega de golpe y sin pausa a mojar mi piel, con millones de algodones verdes que oxigenan a los mosquitos curiosos por mi sangre paisa y de niña consentida. Te mostraste con los árboles como tu lienzo infinito y el río como el camino a recorrer. Con tu naturaleza desvestida me enamoraste desde que te sentí.
Navegar por tus curvas me recordó la inmensidad de la tierra, transitar por tu piel me evocó la pequeñez de la angustia, llegar a tu ombligo me cambió la vida y apenas llevábamos tres horas de habernos conocido.
La primera noche contigo fue una vigilia eterna. Creo que —¿o será el delirio del amor el que me hace pensar esto?—preferí desde mis adentros no dormir y pasar en vela conversando a tu lado, escuchando el sonido de tu lluvia, los gritos de las guacamayas y el ruido titilante de cientos de grillos a mi alrededor.
Tal vez elegí conocerte esa noche, enterarme de tus historias encerrada en el toldillo de mi cama… ¿o será que solo fue insomnio? Pues entonces, ¡bendito insomnio!, porque esa noche me enamoraste más.
Vi tu rostro en el cielo, en el rocío del pasto, en la mirada de los animales y en la sonrisa de tus niños. Revelé tu cuerpo al son de los tambores, en la madera de las casas y en la magia que haces con las manos de tu gente. Descubrí tu energía en el silencio de las mariposas, en el torbellino del río y en la compañía de un perro.
¿Cómo no enamorarme de ti? Si contigo Cristo y el Madremonte son amigos, no existe el cansancio y a donde mire siempre voy a ver un horizonte. En ti, el mundo habla en un mismo idioma y la conexión con Dios, el universo, el om, la gran energía —o como sea que se llame esa cosa que nos da sentido—se escucha, se huele y se palpa. ¿Cómo no enamorarme de ti? Si me regalas las abuelas, las leyendas, el uito, la lengua ticuna, el aire, la tormenta, la calma…si cocinas vida y de postre, das amor.
Esta carta no busca poseerte, pero sí promete un regreso. No busca definirte, pero sí agradece tu existencia.
Te quiero porque me hiciste entender que dentro de mí está la inquietud de los micos, los colores de las flores,la fuerza de las raíces de los árboles, la plenitud del cielo, la libertad de los peces, el vuelo de las aves y la risa de tus hijos. Me dejaste, no con mariposas, sino con guacamayas en el estómago.
Hoy, a kilómetros de ti, busco un insomnio donde se escuche alguno de tus grillos, un aguacero que suene igual de fuerte. ¡Quisiera volver a hablarte con mis poros llenos de sudor!Pero sé, porque me lo contaste al oído, que tu energía es tan grande que viaja por Colombia, por la historia del planeta, por la humanidad misma, solo para llegar aquí y saludarnos con una gota de agua o una mirada pura y desprevenida en el camino.
Gracias porque te dejaste descubrir y me ayudaste a encontrarme.
Que enamores a muchos más…








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